(IVáN): ORAR ES PODER en su GRACIA PERPETUA 
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 (IVáN): ORAR ES PODER en su GRACIA PERPETUA

Sbado, 07 de abril, a?o 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamrica

(Este Libro fue Escrito por Ivn Valarezo)

ORAR ES PODER en su GRACIA PERPETUA

El espritu de la oracin fue entregada a la humanidad
entera, desde el comienzo de todas las cosas, para que se
comunique con su Dios: da, tarde y noche, por medio de la
gracia perpetua de su rbol de la vida, en el paraso y en
toda la tierra, tambin. Y sta oracin divina del cielo,
llena de la gracia y de la misericordias antiguas de nuestro
Padre Celestial, nos puede librar del mal, sanar nuestros
cuerpos y llenar nuestras vidas de salvacin y de felicidad
infinita, en la tierra y en el paraso, tambin, eternamente
y para siempre, si slo confiamos en l, por el Se?or
Jesucristo.

De otra manera, no tendremos vida ni menos la felicidad
infinita de la paz del rbol de la vida y de la Ley del
paraso, sino que seremos como los rboles sin vida alguna,
que ya no viven ni menos dan sus frutos en sus tiempos. Por
eso, estamos llamados a orar al SE?OR, en el nombre sagrado
del Espritu de vida y de salud infinita, no de sus ngeles,
sino de su Hijo amado, el Se?or Jesucristo, quien es
realmente el mayor de todos en el cielo y en la tierra,
tambin, eternamente y para siempre. Entonces oremos todo el
tiempo con el Se?or Jesucristo en nuestros corazones, por los
unos a los otros, para que nuestras vidas y nuestras tierras
sanen de los males de nuestros enemigos de siempre, de los
que se ven y de los que no (se ven), por ejemplo.

Oh Padre Nuestro, a ti clamo con todo mi corazn y con toda
mi voz, en sta semana grande de rituales espirituales de
nuestro cristianismo tradicional, como quien te amase
eternamente y para siempre, desde la tierra y hasta la
eternidad venidera; pues, acude pronto a m para ayudarme y
librarme de la mentira de Satans, y no esperes ms. Escucha
mi voz cuando te invoco, por el nombre sagrado de tu Hijo, el
Se?or Jesucristo, que sobresalta desde lo profundo de mi
corazn y hasta traspasar los cielos, para entrar en tu
morada, en tu secreto; en donde vives, en eterna paz y
armona absoluta de tu Espritu y de tu unignito, ?el Santo
de la humanidad entera! Porque slo en Jesucristo escucharas
mi voz, para atenderme y ayudarme en todo y en todo tiempo,
tambin.

Sea pues entonces constante mi oracin delante de ti, oh
Padre Nuestro, como el incienso que sube de la tierra y hasta
lo ms sumo del cielo aun mucho ms alto que el reino de los
ngeles, por ejemplo, para hablar contigo y adorar tu nombre
santo, desde hoy y por siempre. Y que mis manos alzadas hacia
ti y hacia tu trono de la gracia y de la misericordia
infinita, "sea como el sacrificio de tu altar eterno", para
gloria y para honra infinita de tu nombre bendito, en mi
corazn y en cada hora de los das de mi vida por la tierra y
hasta la eternidad venidera, tambin. Porque slo t, oh
Padre Celestial, oyes nuestras oraciones da y noche e
incansablemente, por amor y respeto a tu Hijo amado, ?el
Se?or Jesucristo!

Porque estas oraciones y alabanzas de los hombres, mujeres,
ni?os y ni?as de la humanidad entera, son realmente para hoy
y para la eternidad, para que siempre te acuerdes de cada uno
de nosotros, en cada momento del gozo y de la felicidad de tu
corazn, al vernos vivir contigo en el cielo, por el poder de
tu amor redentor. Puesto que, grandes eres, oh Padre Nuestro,
en nuestros corazones y en nuestras almas infinitas. Y
bendito sea tu nombre desde la eternidad y hasta la eternidad
en nuestros corazones y en cada momento de nuestras vidas por
la tierra y en el paraso, tambin, desde hoy y por siempre,
en tu nuevo ms all de ngeles y de pueblos redimidos por el
pacto de la sangre eterna sobre tu altar celestial.

Por eso, a ti clamo, oh Dios Mo, para que me veas en tu
espritu de amor eterno, como en los das de la antigedad; y
al verme te acuerdes de m y de tus muchas misericordias de
amor y de verdad absoluta, para con tu siervo y para con los
tuyos, tambin, en todos los lugares del mundo entero. Porque
nosotros si te amamos, en la verdad, en la justicia y en la
santidad bendita y eternamente honrada de tu Hijo amado, el
Se?or Jesucristo, para que te acuerdes de nosotros, por
siempre, como obra perfecta de tus manos santas, en la tierra
y en la eternidad, para alcanzar nuevas glorias infinitas de
tu nombre santo y eternamente honrado. Ya que, slo t, oh
Dios Nuestro, eres realmente nuestro verdadero amor, el cual
jams ha de morir en ninguno de nosotros, en la tierra ni
menos en el ms all, como en tus nuevas tierra y nuevos
cielos llenos de la vida eterna del rbol Viviente, tu Hijo
amado, el Cristo de Israel y de las naciones.

Y as jams nos dejes de bendecir da y noche, en la tierra
ni en el paraso, para que no nos falte ningn bien jams de
tu corazn y de tu Espritu, en un mundo tan terrible y lleno
de las profundas tinieblas de las mentiras de Lucifer, como
el nuestro, por ejemplo, para que no nos hagan ms da?o. Para
que no nos sigan haciendo da?o, como de costumbre, los
poderes de las tinieblas de las mentiras del espritu de
error, como ya se lo han hecho a muchos, comenzando con Adn
y Eva, en el paraso, por ejemplo, desde el comienzo de la
gran rebelin y del descarriamiento mortal de la humanidad
entera, del ayer y de siempre.

Por esta razn, acude a nosotros, al or nuestras voces
nicas, porque te necesitamos, porque te amamos, Padre
Nuestro, hoy ms que nunca. Te necesitamos, para que nos
libres del mal de nuestros enemigos eternos, como Lucifer y
sus millares de ngeles cados, obrando maldad por siempre,
en los corazones y en los labios mentirosos de las gentes que
se prestan para el mal de la mentira, para hacer da?o y
destruir toda vida. Estas son gentes que viven slo para
complacer el espritu de la mentira del bajo mundo, el del
anticristo; el mundo de los muertos, de quienes pecaron
terriblemente sus vidas por la tierra para no volver a ver la
vida infinita jams de Dios ni menos de su rbol de vida, el
Se?or Jesucristo.

Pues en ti confiamos, como los antiguos confiaron en tus
misericordias antiguas, porque slo t eres nuestro Dios y
salvador infinito de nuestros corazones y de nuestras almas
vivientes, tambin, en la tierra y en el paraso, hoy en da
y como siempre, en la eternidad venidera. Entonces has
constante nuestras oraciones y alabanzas hechas a ti y a tu
nombre santo, como el incienso de tu altar bendito en el
reino de los cielos, por ejemplo, para que tu corazn se goce
y sea por siempre feliz con cada uno de nosotros, en toda la
tierra. Porque son nuestras oraciones, la cuales las haces
tuyas para la eternidad, las que vencen cada una de las
artima?as de nuestros enemigos, en la tierra y en el ms
all, tambin, como en el abismo o el mundo de los dolos
muertos, el infierno.

Has que nuestras oraciones sean eternas, como tu incienso en
tu altar, en donde mora, desde la antigedad y hasta nuestros
das: la gloria y la santidad perfecta de la verdad y de la
justicia infinita de la gran obra redentora de tu Hijo, el
Se?or Jesucristo, para el bien de nosotros, en la tierra y en
el paraso. Adems, has que nuestras oraciones y alabanzas,
de exaltaciones y de gloria infinita, hechas hacia tu nombre
santo, que se levantan de nuestros corazones hacia la
eternidad celestial de tu reino bendito, sean por siempre
agradables delante de tu presencia, para que tu gozo sea
nuestro y tu felicidad, tambin, desde hoy mismo y
eternamente, en la eternidad venidera. Porque en la eternidad
hemos de continuar sirvindote a ti, como siempre lo hemos
hecho, ya sea en el paraso o en la tierra, pero siempre por
medio de la vida nica, de la sangre perfecta y del alma
santsima de tu rbol de vida, ?el Se?or Jesucristo!

Porque slo t, oh Dios Nuestro, eres nuestro SE?OR y
salvador de nuestras vidas, desde la antigedad y hasta la
eternidad venidera, del nuevo reino celestial, para jams
volver a dejar de alabarte y de honrarte como los ngeles
celestiales, por culpa de la mentira en los labios de tus
enemigos de siempre, como Lucifer y sus partidarios, por
ejemplo. Es por esta razn, que cada uno de nosotros, con
gran confianza en tu amor y en tu Espritu Santo, cada vez
que tenemos la oportunidad de hacerlo as, entonces
levantamos nuestras manos hacia el cielo, como el sacrificio
supremo del atardecer inolvidable de tu Hijo amado, el Se?or
Jesucristo, en las fueras de Jerusaln, en Israel. Porque en
este da, que tu Hijo levanto sus manos sangrientas, entre el
paraso y la tierra, entonces lo hizo por cada uno de
nosotros, de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y
reinos de la humanidad entera, para que t mismo nos toques
con tu amor y con tu Espritu Infinito de gracia y de
misericordia sin igual.

Entonces cuando fue clavado el Se?or Jesucristo a los rboles
cruzados de Adn y Eva sobre la cima de la roca eterna, para
ponerle fin a la vida de nuestra rebelin y de pecado eterno,
entonces lo hizo con el fin de volvernos a dar vida en
abundancia, en esta vida y en el nuevo reino de nuestro Padre
Celestial. Porque como nuestro Se?or Jesucristo levanto sus
manos santas, clavadas a los pies y a las manos de Eva sobre
la quinta costilla de Adn, fue para que nuestro Padre
Celestial nos recibiera y ya no nos rechazara ms, por culpa
de nuestras rebeliones, al haber credo a la mentira eterna
de Lucifer y de la serpiente antigua, por ejemplo. Es aqu,
dnde Eva est entre Adn como rbol seco y sin vida que sale
de la tierra, para recibirla a ella en su quinta costilla y
con clavos, para entonces recibir tambin con clavos, pero
con sangre santa y bendita, al Cordero de Dios, y muerte
segura de Lucifer y de su pecado del paraso, eternamente y
para siempre.

Y Lucifer peca ante Dios terriblemente, porque quiso que no
slo Adn, sino cada uno de nosotros, comiese junto con l
del fruto prohibido, para que el mal de la eternidad nos
alcance y as termine con nuestras vidas del nuevo reino
celestial y de nuestro amor infinito por el Se?or Jesucristo
y por su Espritu Santo en nuestras vidas. Y aunque Lucifer
hizo su gran maldad en contra de nosotros, no porque le
hayamos hecho algn mal a l, aunque aun no habamos nacido
todava, sino porque somos obras perfectas en las manos de
Dios y, a la vez, herederos legales e infinitos de su amor y
de su majestad celestial de la nueva vida del reino, por
ejemplo. Slo por eso nos odia Lucifer, desde siempre y hasta
terminar con nuestras vidas, a como de lugar; y nos pone da
y noche dolos de cualquier origen, para que tropecemos en
contra de l y de su Ley Santa, para mal de nuestras vidas y
de los dems, tambin, en toda la tierra, eternamente y para
siempre.

Es decir, que Lucifer nos odia por que "poseemos el
potencial" de ser hechos perfectos en la vida santa del
cielo, slo por el espritu de la vida y de la fe eterna, de
tan slo creer en la palabra, en la vida y en la obra suprema
de su Hijo amado. El Se?or Jesucristo quien realmente termino
con nuestros pecados, en la misma vida y el mismo cuerpo de
Adn y Eva, aun cuando ellos eran rboles secos y sin vida en
la tierra y sobre la cima de la roca eterna, en las afueras
de Jerusaln, en Israel. Y desde estos palos secos y sin vida
alguna, entonces han vuelto a resucitar con Cristo primero,
para entonces cada uno de sus descendientes, palos secos y
sin vida como ellos mismo; pero esta vez, estn llenos de la
vida y de la bendicin de nuestro Padre Celestial, en el
paraso y en toda la tierra, eternamente y para siempre.

Pues desde ah mismo, nuestro Padre Celestial nos ha
redimido, entre el paraso y la tierra, por los poderes y
autoridades sobrenaturales de la sangre y de la vida gloriosa
del gran rey Mesas de Israel y de la humanidad entera, ?el
Se?or Jesucristo! Porque slo l poda unirse con clavos y
sangre a los rboles secos y sin vida de Adn y Eva para
entonces no slo cumplir la Ley del paraso en sus vidas,
sino tambin para darles vida en abundancia a cada uno de sus
descendientes, en sus millares, en toda la creacin. Pues as
como ramos creacin perfecta en las manos sagradas de
nuestro Dios en el paraso, entonces en la tierra escogida de
Israel y sobre la cima de la roca eterna, hemos sido hechos,
una vez ms, pero esta vez para la eternidad, en su obra
perfecta y llena de su gracia perpetua, para no pecar, y no
morir jams. Esto es vida y amor de Dios, para con nosotros,
en toda la tierra, hoy en da y como siempre en la eternidad
celestial, tambin, ni ms ni menos.

Entonces esto ha llegado a ser una realidad para cada uno de
nosotros, de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y
reinos de la humanidad entera, slo en los cuerpos de Adn y
Eva, pero principalmente en el cuerpo y con la sangre bendita
del Se?or Jesucristo, para slo vivir la vida eterna y no la
vida antigua del pecado. Porque slo el Se?or Jesucristo es
nuestro nico posible Cordero de Dios, del paraso y de la
tierra, para limpiarnos del pecado y de su muerte con su
sangre bendita sobre el altar celestial, en Israel y en el
cielo, tambin, como en derredor de su trono sagrado, para
que ya no seamos para la muerte, sino para la vida eterna.

Y por todo esto le rendimos gloria y honra a su nombre y a su
Ley Santa, a nuestro Dios Eterno, por haber hecho gracia y
misericordia infinita venir a nosotros, desde los primeros
das de la antigedad y hasta nuestros das, por ejemplo, por
los poderes infinitos de su gran rey Mesas, y slo as
entonces llenarnos de l, inconmensurablemente. Para que
entonces el espritu de su gracia perpetua y de sus
misericordias antiguas nos toquen y nos llenen cada vez ms
de l, hasta que seamos hechos perfectos en su verdad, en su
santidad, en su justicia y en su nueva vida infinita de su
nuevo reino celestial, en la tierra y en la eternidad
venidera, tambin. Por eso, slo a l, nuestro Padre
Celestial, debemos levantar nuestras manos, en el nombre
sagrado de su Hijo amado, el Se?or Jesucristo, para que
nuestras oraciones sean odas y as poder comer y beber por
siempre de su gracia perpetua y de sus innumerables
misericordias antiguas del ms all.

LOS QUE RESPETAN A SUS DOLOS, ABANDONAN SU GRACIA PERPETUA

Es por eso, que los que rinden honor en sus vidas a las
vanidades ilusorias, de sta tierra y de sta vida rebelde a
Cristo, el rbol de la vida y de la salud eterna del paraso,
entonces realmente han abandonado la lealtad infinita de
nuestro Dios y de su vida Celestial, tambin, que est en los
cielos. Pero, sin embargo, yo mismo te ofrecer sacrificio
con voz de elogio, como los seres santos y los ngeles del
cielo, por ejemplo, como los que adoran y honran da y noche
delante de tu presencia, en la tierra santa del paraso y del
reino celestial, para amarte y para exaltarte sobre toda
gloria infinita del ms all. Slo t, Padre Nuestro, eres
digno de nuestro amor y respeto infinito a tu nombre santo y
ms no a los dolos de los antiguos para provocar a ira a la
palabra de la Ley Viviente de Dios y de su Espritu Santo en
el paraso y por toda la tierra, tambin.

Pues yo te amo tambin, oh Dios Nuestro, como todo hombre,
mujer, ni?o y ni?a de la humanidad entera, que ama tu verdad,
tu justicia y tu Ley Infinita, llena de amor y de poderes
sobrenaturales de tu nombre bendito, desde lo profundo de
nuestros corazones y de nuestras almas vivientes, en la
tierra y as tambin en el paraso. Por eso, lo que promet
haciendo votos, lo cumplir, sin ms demora alguna, por amor
a ti y a tu vida gloriosa y eternamente santa, manifestada a
cada uno de nosotros, en todos los lugares de la tierra, por
medio de tu Ley Viviente y por tu maravilloso nombre
celestial, tambin.

Porque toda bendicin y ?salvacin infinita del hombre,
mujer, ni?o y ni?a de la humanidad entera, slo le pertenece
a nuestro Dios Eterno que est sentado en su trono santo en
los cielos! Por eso, slo a ti sea toda gloria y toda honra,
en el cielo y por toda la tierra, tambin, en los corazones y
en las almas vivientes, de los que aman y creen en el Se?or
Jesucristo, como su nico y suficiente salvador de sus vidas,
en la tierra y en el paraso, tambin, eternamente y para
siempre. Y que cada dolo de los antiguos entonces sea hecho
pedazos, para no causar la ira de Dios salir hacia nosotros
de la Ley Viva, por culpa de los pecadores de toda la tierra.
Slo la Ley de Dios debe ser exaltada y a?orada por los
corazones de los hombres y ms no los dolos e imgenes de
talla de los pecadores de la antigedad y de hoy en da,
tambin, en todos los lugares de la tierra.

Por lo tanto, todo hombre, mujer, ni?o y ni?a de toda la
tierra, que confa en los dolos de sus antepasados, entonces
han abandonado desde ya la gracia, la justicia y las
misericordias antiguas e infinitas de nuestro Dios y de su
rbol de vida eterna, su Hijo amado, ?el Se?or Jesucristo!,
para mal de sus vidas en toda la tierra. Porque en la tierra
del reino de los cielos y de su paraso glorioso, en donde
nuestro Padre Celestial comenz a vivir con el hombre y la
mujer, no se rompe jams la palabra de la Ley de Dios y de
Moiss, por ejemplo, por ninguna razn, para siempre. Y el
que lo hace muere, como Adn y Eva murieron, no en el paraso
sino en la tierra de nuestros das, por su culpa, por su
transgresin a la Ley Infinita del paraso y de su humanidad
entera; algo que Dios mismo y por mandato eterno los llamo a
obedecer y a honrar en sus vidas, por el poder sobrenatural
de su fruto de vida eterna, ?el Se?or Jesucristo!

Porque estas tierras santas del reino de los cielos y del
paraso son slo para vivir todo lo que es la vida abundante
y gloriosa de la Ley Eterna, en el espritu y en el amor
sobrenatural del corazn y de la vida honrada del rbol de la
vida, ?el Se?or Jesucristo! Cumpliendo as da y noche y por
los siglos de los siglos venideros, los santos mandamientos
de Dios y de su pueblo eterno, para que toda verdad y
justicia jams falten en las vidas de ninguno de sus seres
amados, como ngeles del cielo y hombres, mujeres, ni?os y
ni?as de la fe viva y nica, de nuestro Se?or Jesucristo. Es
por eso, que los que respetan a sus dolos antiguos antes que
a la Ley Viva de Dios y del paraso, entonces enferman en sus
males, como Adn y Eva, por ejemplo, y mueren en su pecados
terribles, llenos de las tinieblas del ms all, como del
bajo mundo de los muertos, en el infierno candente y
eternamente tormentoso.

Entonces los pecadores, los rebeldes, a la vida y el nombre
glorioso del Se?or Jesucristo, delante de nuestro Dios estn
muertos en vida, en la tierra y en el ms all, hasta el da
del juicio final, para luego entrar a su segunda muerte, el
lago de fuego, para jams volver a ver la vida infinita de la
Ley del paraso. Porque ninguno de ellos es digno delante de
Dios de ver la vida del cielo, en la tierra ni menos en el
paraso, porque son rebeldes. Son rebeldes sin causa justa a
la verdad y a la justicia infinita de su Hijo amado, el Se?or
Jesucristo; y esto es pecado de condena y de muerte eterna,
tambin, para los que tales cosas hagan en sus vidas, hoy en
da, en la tierra y hasta en el paraso, tambin. No nos
olvidemos jams del primer pecado de Adn, el cual fue en
contra de la palabra de la Ley del paraso; algo que Adn ni
ninguno de sus descendientes debi jams ofender, sino
cumplirla por su palabra, por sus letras, por sus tildes y
por sus significados eternos de la vida santa del reino de
los cielos.

Ciertamente se han apartado de su gracia y de sus muchas
misericordias antiguas, cuando le rendan gloria y honra a
sus dolos de sus antepasados para transgredir a la Ley de su
Hacedor, de la misma manera que Adn y Eva lo hicieron en sus
das de rebelin, en el paraso, por ejemplo, para luego
morir por sus culpas inexcusables. Por eso, es muy bueno para
el corazn y para el alma eterna del cuerpo del hombre, de la
mujer, del ni?o y de la ni?a, de darle gloria y honra al Dios
de su vida, slo por medio de su Hijo amado, ?el Se?or
Jesucristo!, para estar bien con l, y no en el pecado de
Adn, por ejemplo. Porque nuestro Dios jams creo a ninguno
de sus seres santos, como ngeles del cielo u hombres del
paraso o de la humanidad entera de la tierra, para luego
darles muerte. No, sino todo lo contrario, nuestro Dios desea
llenarlos a cada uno de ellos, en sus millares, de la vida
santa y eternamente honrada de su Ley Viviente, su rbol de
vida, ?el Se?or Jesucristo!

Porque estas glorias y honras, para su Dios y salvador de sus
vidas, son eternas, las cuales jams han de morir en la
tierra ni menos en el ms all, como en el paraso, porque
nuestro Dios por siempre las ha de traer a su memoria, cada
vez que sus libros sean abiertos y ledos por sus ngeles
celestiales. Por eso, es bueno tambin, que todo lo que el
hombre, la mujer, el ni?o o la ni?a de toda la tierra, le
prometa a su Dios, en oracin o en alabanza, en el nombre del
Se?or Jesucristo, entonces lo cumpla lo ms antes posible,
para bien de su vida y de los dems, tambin. Porque nuestro
Dios jams ha dado por inocente al que le promete a l, algn
bien, y luego no lo cumpla. No cumpla su promesa hecha a su
Dios, por cualquiera que sea su razn en su corazn o en toda
su vida, tambin; de todas maneras, es un pecado ms en su
alma pecadora, como cualquier otro pecado, para ser llevada a
juicio, para que reciba su justo castigo, en su momento y sin
ms tardanza alguna.

Puesto que, cuando nuestro Dios bendice la vida del hombre,
en la vida y en el nombre milagroso de su Hijo, entonces
tambin bendice a los suyos y hasta sus amistades cercanas y
lejanas, del mismo modo, para gloria y para honra infinita de
su nombre santo, en la tierra y en todos los lugares del
reino indestructible. Para que los pueblos vean que
verdaderamente existe un Dios bueno y bondadoso, en la tierra
y en el paraso, tambin, para que siempre le pidan slo a
l, por medio de su oracin, en el nombre del Se?or
Jesucristo, para bendecirlos y suplirles sus necesidades, y
as jams les falte ningn bien a ellos ni a los suyos,
tampoco.

Ciertamente la salvacin de todo hombre, mujer, ni?o y ni?a
de la humanidad entera, hoy en da y como en la antigedad,
slo le pertenece a nuestro Dios y Padre Celestial que est
en los cielos y ms no a los dolos del vaticano o de Santas,
el enemigo eterno de la Ley de Dios y de Moiss, por ejemplo.
Por esta razn, nuestro Dios nos ha llamado a cada uno de
nosotros, comenzando con Adn y Eva, por ejemplo, desde los
das del paraso, para que comamos de su fruto de vida
eterna, y as entonces estemos firmes delante de l, en su
verdad, en su justicia y en su vida infinita de la tierra y
del paraso. Porque nosotros hemos sido creados por las manos
santas de nuestro Dios para levantar nuestras manos humanas
hacia l y hacia su trono de la gracia y de la misericordia
infinita, para que nos llene de sus muchas y ricas
bendiciones de su rbol de vida eterna, ?el Se?or Jesucristo!

Ya que, fuera del Se?or Jesucristo ninguno de nosotros podr
jams ser hecho libre del mal del pecado ni menos de su
muerte eterna, en el mundo bajo de los muertos, el infierno,
sino que hemos de sufrir la culpa de nuestros pecados para
siempre. Y nuestro Dios no desea ste terrible mal del ms
all, para ninguno de nosotros, sino que slo desea el bien.
Porque nuestro Padre Celestial se complace grandemente en su
corazn y en su alma santa cada vez que somos bendecidos por
los frutos y los dones sobrenaturales, llenos de milagros,
maravillas y prodigios celestiales y terrenales de su rbol
de vida eterna, ?el Se?or Jesucristo!

Es por eso, que el Se?or Jesucristo tuvo que ser clavado con
clavos y sangre a las vidas muertas de Adn y Eva para que la
Ley de Dios se cumpla en ellos, por medio de su cuerpo, vida
y alma santsima, para danos de su vidas y de sus muchos
dones espirituales da y noche en nuestras vidas infinitas. Y
slo as entonces la felicidad de la gracia infinita de
nuestro Dios y del paraso llegue una vez ms a cada uno de
nosotros, pero esta vez, para quedarse con nosotros, desde
hoy mismo y por siempre y hasta la eternidad venidera del
nuevo reino celestial, como La Nueva Jerusaln Santa e
Infinita del cielo, por ejemplo. Porque para esto nuestro
Dios nos ha creado y, a la vez, nos ha llamado para que
siempre le hablemos a l, por medio de la oracin hecha por
medio de su rbol de vida eterna, el Se?or Jesucristo, del
paraso y de toda la tierra, para que ningn bien jams nos
falte a ninguno de nosotros, eternamente y para siempre.  

(Los siguientes libros son muy importantes para entender la
oracin y la gracia perpetua que a nuestro Padre Celestial le
agrada ver da y noche en nuestras vidas, slo por medio del
Se?or Jesucristo, su gran rey Mesas de Israel y de La Nueva
Jerusaln Santa e Infinita del cielo.)

Libro 151

ORAR ES PODER

Ese problema que te aflige tanto da y noche, quizs slo
necesitas hacer una oracin simple al SE?OR, en el nombre del
Se?or Jesucristo, para que se desaparezca o se resuelva ya, o
lo ms pronto posible. Y si es as, entonces ?por qu esperas
ms?

La oracin es el poder de tu vida, que quizs aun t no
conoces, mi estimado hermano y mi estimada hermana, por falta
del conocimiento de la verdad y de la justicia infinita de tu
Dios y Fundador de tu vida eterna, nuestro Padre Celestial, ?
el Todopoderoso de Israel y de la humanidad entera! Y en esta
hora, una vez ms, como de costumbre, los poderes
sobrenaturales de la oracin, con sus muchos milagros,
maravillas y prodigios para cambiar e enriquecer tu vida se
acerca a ti, como nunca antes.

Como quien dice, por ejemplo: sta quizs sea tu ltima
oportunidad, para hablar con tu Dios y salvador de tu alma
eterna antes que entres a la eternidad, ciego y aun con tus
pecados en tu vida. Y nuestro Dios no desea que tu alma se
pierda en las profundas tinieblas de tu pecado, en el bajo
mundo de los muertos, como el infierno o el lago de fuego,
por ejemplo, en el ms all, sino todo lo contrario.

Es por eso, que nuestro Dios se acerca a ti una vez ms, para
bien eterno de tu alma, por el poder de la oracin antigua de
su Hijo amado, ?el Se?or Jesucristo! Se acerca a ti el poder
de la oracin del cielo y de Jesucristo, para ayudarte a
encontrar esas muchas bendiciones de la tierra y del cielo
que necesitas hoy mismo, como ya, en tu vida, para servirle a
tu Dios y ser feliz, eternamente y para siempre, en tu nueva
eternidad venidera.

En vista de que, la nueva era de Dios y de su eternidad
infinita se acercan a ti y a la humanidad entera, como en un
segundo, aunque no lo veas ni lo entiendas as, mi estimado
hermano y mi estimada hermana. Porque el Se?or Jesucristo les
deca a las gentes de Israel: arrepintanse de sus pecados,
ya que el reino de los cielos se ha acercado a todos ustedes,
en todos los lugares de la tierra, si tan slo creen en su
Dios y en todas las cosas que est haciendo por sus vidas, en
el cielo y en Israel, tambin.

Y si t no has orado, en el nombre sagrado del Se?or
Jesucristo, entonces muchas cosas gloriosas y eternamente
santas para tu vida jams descendern del cielo a ti ni a los
tuyos, tampoco, por falta de tu conocimiento a la oracin de
Dios y de su Jesucristo. Y nuestro Padre Celestial no desea
que t pierdas ninguna de tus muchas bendiciones del cielo y
de la tierra, llenas de vida y de alegra infinita para tu
corazn y para tu alma viviente, que realmente son para ti,
pero solo en la oracin hecha a l, tu Dios y Creador de tu
vida, en el nombre del Se?or Jesucristo. Ya que, la oracin
es parte integral de tu corazn y de tu espritu humano, en
la tierra y para la eternidad.

Una oracin que salga del corazn del hombre hacia Dios en el
cielo, sin el nombre del Se?or Jesucristo, entonces no es una
oraron de verdad o que tenga poder alguno, sino otra cosa,
que no sirve para nada. Sin embargo, desde ese mismo corazn
del hombre, que salga una oracin hacia Dios, en el nombre
del Se?or Jesucristo, entonces vale mucho y puede cambiar
muchas cosas en su vida y en la vida de los dems, tambin,
en la tierra y en el paraso. Porque realmente hay poder
sobrenatural, en la oracin y en el nombre del Se?or
Jesucristo para Dios y para la humanidad entera.

Porque la oracin que sale del corazn del hombre hacia su
Creador, en el nombre del Se?or Jesucristo, entonces puede
hacer que la mano de Dios se mueva a su favor y hasta para el
favor de otros, en todos los lugares de la tierra, sin jams
hacer excepcin de persona alguna. Porque para Dios no hay
limite alguno, lo que la oracin hecha a l, en el nombre
sagrado de su Hijo amado, pueda realmente hacer, por el bien
del hombre y de los suyos, en sus tierras y lejos de ellas,
tambin. En realidad, la oracin hecha en el Se?or Jesucristo
para Dios, desde nuestro corazn tiene vida, vida para
alcanzar muchas bendiciones de las que estn muy altas en el
cielo y bajarlas a nuestras vidas de hoy en da, para que nos
edifiquen da y noche y por siempre.

Es por eso, que la oracin de Dios, hecha en el nombre del
Se?or Jesucristo, ha trado siempre bendicin tras bendicin,
milagro tras milagro, maravillas tras maravillas, para
cambiar e enriquecer la vida del hombre, en todos los lugares
de la tierra, para gloria y honra infinita de nuestro Dios
que est en los cielos. Porque ha sido la oracin hecha en el
nombre del Se?or Jesucristo que ha perdonado pecados; ha
sanado a los enfermos de todas sus enfermedades y hasta ha
levantado de los muertos, a los que ya no tenan vida alguna
en sus cuerpos perdidos en el polvo y en las tinieblas de la
muerte eterna, por ejemplo.

Porque por medio de la oracin, slo hecha a nuestro Dios, en
el nombre sagrado del Se?or Jesucristo, entonces los cojos
caminan; los ciegos ven; los sordos oyen; los mudos hablan y
hasta las enfermedades ms terribles de la vida del hombre
tienen que salir de sus cuerpos, para dejarlos libres. Libres
para siempre y para Dios, porque nuestro Dios los ha creado
libres en sus manos santas, desde el comienzo de todas las
cosas, en el cielo, para el servicio santo de l mismo y de
su nombre glorioso, en la tierra y en el paraso, tambin,
eternamente y para siempre.

Por todo ello, la oracin ha sido siempre una parte muy
importante en la vida del Se?or Jesucristo, en el cielo y en
la tierra, para l entonces poder vencer al mundo y sus
muchas tinieblas, para finalmente cumplir la Ley de Dios y de
Moiss en su vida, para bien de Israel y de las naciones de
la humanidad entera. Y despus de nuestro Se?or Jesucristo
haber orado muchas veces delante de nuestro Padre Celestial
para bien de Israel y de la humanidad entera durante su vida,
entonces en su ultimo da de vida cerro su vida con una
oracin levantada al cielo, para pedirle al SE?OR que perdone
el pecado de los pecadores, porque no saben lo que hacen.

Y despus de haber orado por los impos, entonces entrego su
espritu a Dios en el cielo, dicindole: Padre Mo a ti
entrego mi espritu, y muri. Y al morir, l no fue al cielo,
sino que descendi al mundo bajo de los muertos, para
presentarse en la oracin del SE?OR, a todos los que haban
vivido en la antigedad. Y as entonces manifestarles a
ellos, lo prometido: la gloria del nombre de nuestro Padre
Celestial en su vida, para bien de muchos en la tierra y en
el paraso, eternamente y para siempre, con una vida nueva,
la cual jams ha de tener fin en l ni en su nuevo reino
celestial de Dios y de su humanidad infinita.

Y, hoy en da, hay muchas oraciones en tu corazn que tienen
que salir de ti, para Dios en el cielo, para alcanzar mucho
bien en tu vida y en la vida de muchos, mi estimado hermano y
mi estimada hermana. Pero cada una de estas oraciones ha de
salir de tu corazn para enriquecer tu vida corp{*filter*}e
espiritual, slo en el nombre sagrado del Se?or Jesucristo.
De otra manera, ninguna de tus oraciones, de las que estn en
tu corazn y en tu espritu humano, jams han de salir de ti
para hacer muchas cosas, grandes y peque?as, en tu vida y en
la vida de muchos, si no es en el nombre sagrado del Se?or
Jesucristo.

Porque el Se?or Jesucristo es la nica verdad y justicia de
Dios en el cielo, para complacer su corazn y su alma santa,
eternamente y para siempre. Pues as tambin contigo, mi
estimado hermano y mi estimada hermana, el Se?or Jesucristo
es tu nica verdad y tu nica justicia infinita delante de
Dios en el cielo y en la tierra, para comunicarte con l y
recibir cada una de tus muchos bienes eternos. Como, por
ejemplo, bendiciones de milagros, maravillas y hasta de
prodigios para enriquecer tu corazn, tu alma, tu espritu y
toda tu vida, en esta vida y en la venidera, tambin, como en
el nuevo reino de los cielos, eternamente y para siempre.

Por esta razn, les digo que todo por lo cual oren y pidan,
crean que lo han recibido, y les ser hecho, les deca el
Se?or Jesucristo a sus apstoles y discpulos, por igual, en
todo todos los lugares, a donde iba en Israel: predicando y
ense?ando la palabra de Dios y de sus poderes curativos para
todos ellos. Porque as como los israeles, pues, tambin los
gentiles tenan que entender en sus corazones, que el poder
de la oracin celestial, estaba en ellos, slo en la
invocacin de su nombre santo, es decir, si slo crean en
sus corazones y le confesaban con sus labios en todo momento
delante de su presencia: como nico Creador de sus vidas. ?
Bendito sea el Se?or Jesucristo en nuestras vidas!

Entonces cuando Jesucristo les hablaba as, realmente les
hablaba con la autoridad y los poderes especiales del cielo,
los cuales haban descendido de Dios con l, para bien de
muchos en Israel y en toda la tierra, tambin, para que
tengan vida y mucho ms por medio de la oracin slo hecha,
en el nombre de su unignito, por ejemplo. Porque la oracin
hacia Dios, hecha en el nombre sagrado de su Hijo amado, el
Se?or Jesucristo, es poder, en el paraso y en cualquier
lugar de la tierra, eternamente y para siempre, para el bien
del corazn y de la vida del hombre, de la mujer, del ni?o y
de la ni?a de la humanidad entera.

Poderes de los cuales nuestro Padre Celestial mismo se los
haba delegado primero a su Espritu Santo, en los primeros
das de gnesis (gnesis 1:2), para que sean regados por toda
la tierra, para dar vida en abundancia, a los que vivan en
las profundas tinieblas del polvo de la muerte en el ms
all, por ejemplo. Porque la palabra de Dios y de su Espritu
Santo es realmente la semilla que la da vida en abundancia a
todo ser viviente, en el paraso y en toda la tierra,
tambin, slo por medio del rbol de la vida, ?el Se?or
Jesucristo!

Es decir, que sta es la palabra de Dios, la cual da vida en
abundancia a todos sus seres creados por su palabra, por su
nombre santo y por sus manos sagradas, en toda la creacin
infinita, del ayer y de siempre. Por lo tanto, la palabra de
Dios es poder para dar vida y salud infinita, en nuestros
corazones y en nuestras almas eternas, tambin, da y noche,
slo cuando le oramos a nuestro Dios, en el nombre sagrado de
su Hijo amado, ?el Se?or Jesucristo!

Dado que, la oracin hecha a nuestro Dios, como los ngeles
del cielo lo han venido haciendo desde los das de la
antigedad y hasta nuestros das, por ejemplo, ha sido
siempre en el nombre del rbol de la vida, el Se?or
Jesucristo, ni ms ni menos, para que Dios entonces les
conteste sus oraciones, como de costumbre. De otra manera,
Dios no ha de contestar jams la oracin del ngel y as
tambin del hombre del paraso y de la tierra, como a Lucifer
y a sus ngeles cados, por ejemplo.

Porque ellos se acercaron a l, por medio de su propio
nombre, o por el nombre de Lucifer; y fue aqu, en donde
ellos tropezaron con la verdad y con la justicia infinita de
nuestro Dios, en la tierra y en el cielo, tambin, para mal
de sus vidas, en el lago de fuego, eternamente y para
siempre. Porque slo en el espritu del rbol de la vida, su
Hijo amado, es que realmente hay verdad y justicia infinita
para cada ngel, arcngel, serafn, querubn y dems seres
santos del cielo, como hombres del paraso y de aquellos
hombres y mujeres del mundo entero de hoy en da, que creen
en Jesucristo en sus corazones, por ejemplo.

Por lo tanto, sus nombres estn escritos en "el libro de la
vida" en el cielo, slo por haber hecho una oracin simple,
tan simple como siempre orando en sus corazones y con sus
labios delante de su Dios, nicamente en el nombre milagroso
y eternamente sobrenatural del Se?or Jesucristo. Realmente,
sta es la palabra creadora de Dios y de su rbol de vida, en
la tierra y en la eternidad venidera del nuevo reino de Dios
y de sus huestes celestiales de ngeles y de hombres,
mujeres, ni?os y ni?as de la humanidad entera, que habita en
nuestros corazones, slo para agradar a toda verdad y
justicia de Dios. Y sin esta bendicin de la verdad y de la
justicia del Se?or Jesucristo no podemos orar a Dios; ni l
nos podr jams or nuestras oraciones, ni menos
contestarlas, para siempre.

Entonces la verdad y la justicia del Se?or Jesucristo es para
nuestras vidas, es decir, para nuestros corazones; por lo
tanto, Lucifer no las puede tocar ni menos remover de ninguna
manera, ni por ningn poder de lo alto ni de lo bajo. Porque
el nombre del Se?or Jesucristo reina en nuestras vidas, desde
el da y la hora que nosotros oramos a nuestro Dios, y le
pedimos que su Hijo amado sea parte de nuestras vidas,
eternamente y para siempre, en la tierra y en el paraso,
tambin.  

Es por esta razn, que en cada uno de nosotros, en nuestros
millares, de todas las familias de la humanidad entera, hay
poder sobrenatural de gracia y de misericordia infinita
delante de Dios y de su Espritu Santo, cada vez que oramos e
invocamos el nombre sagrado del Se?or Jesucristo en nuestras
vidas. Y es realmente sta oracin de fe, la cual mueve a
Dios, mueve monta?as, levanta a los muertos y, por ende, sana
todos los males del hombre, mayores y menores, en todos los
lugares de la tierra y hasta en el mismo paraso, tambin, si
as fuese necesario hacerlo con nuestras oraciones humanas,
por ejemplo.

Es por eso, que Dios requera de Adn y Eva ha que comiencen
del fruto de vida eterna, su Hijo amado, el Se?or Jesucristo,
en oracin para que tengan poder y gracia de bendicin y de
vida eterna por siempre, en todos los lugares de su creacin
celestial e infinita, para bien infinito de sus
descendientes, en sus millares incontables. Por lo tanto, es
la palabra de Dios la cual nos da vida y nos bendice, a la
vez, para llenarnos ms de la gloria y de las grandezas de
Dios, en el paraso y por toda la tierra, tambin, porque
nuestras oraciones, son eternas, en el nombre del Se?or
Jesucristo, trayendo siempre: milagros tras milagros a
nuestras vidas infinitas.  

Y estas grandezas y glorias infinitas de Dios no son nada
comparadas con las que los ngeles han conocido, a travs de
los siglos y hasta nuestros das, por ejemplo, en el cielo,
en el paraso y en toda la nueva creacin de Dios, en el ms
all, como La Nueva Jerusaln Santa e Infinita del reino
mesinico, por ejemplo. Porque todas las nuevas grandezas y
glorias de santidades de justicia y de verdades eternas, las
cuales han sido alcanzadas en los corazones de cada hombre,
mujer, ni?o y ni?a de la humanidad entera, nicamente de los
que han credo en el nombre sagrado y antiguo del Se?or
Jesucristo.

Es ms, estas son las grandezas y las glorias de las cuales
jams ningn ojo de ngel ni del hombre del paraso o de la
tierra ha visto, pero estn all, en los nuevos lugares
eternos de Dios y de su rbol de vida eterna. En las nuevas
tierras con nuevos cielos para los ngeles y para la
humanidad entera, gracias a las oraciones de los hombres,
mujeres, ni?os y ni?as de la fe, del nombre del Se?or
Jesucristo, de los tiempos de la antigedad y de nuestros
das, tambin, por ejemplo, como hoy en da contigo, mi
estimado hermano y mi estimada hermana.

Por eso, para nuestro Padre Celestial cada oracin es de
mucha importancia en el vivir del da a da del hombre en la
tierra y en el paraso, tambin, para su nueva vida infinita,
en el ms all, como en La Nueva Jerusaln Santa y Perfecta
del nuevo reino celestial. Y cada una de estas oraciones de
los hombres, mujeres, ni?os y ni?as de la fe, del nombre del
Se?or Jesucristo, est asegurada en alguna de sus muchas
copas de oro en el cielo, para nuestro Dios recordarlas por
siempre y as jams olvidarlas pase lo que pase en la nueva
eternidad venidera.

Entonces si crees que tus oraciones no llegan al cielo, a
donde est nuestro Dios, realmente te has equivocado tambin
sta vez, como de costumbre, mi estimado hermano y mi
estimada hermana, para mal de tu vida y de muchos ms en tu
derredor, por ejemplo, como familiares y hasta amistades, de
los que estn cerca o lejos. Porque el poder del espritu de
la fe viva, acta en tu vida y delante de Dios con poder del
cielo, de acuerdo a cmo crees en tu salvador celestial, el
Se?or Jesucristo, en tu corazn y en toda tu vida, tambin.

Porque cada una de nuestras oraciones, hechas en el nombre
del Se?or Jesucristo, si llega al cielo y a los odos y
atencin infinita de nuestro Dios, para contestarnos ya, cada
una de ellas y de nuestras peticiones, ruegos, aclamaciones,
intercesiones, etc., para enriquecer nuestras vidas y no para
hacernos ningn mal, por ejemplo. Porque nuestro Dios jams
le ha hecho mal a nadie, ngel del cielo u hombre del paraso
o de la tierra, sino todo lo contrario. Ha sido el ngel
cado o el hombre rebelde que ha ofendido a Dios y a su rbol
de vida eterna, el Se?or Jesucristo. Como ejemplo, podemos
ver a Cristo sufriendo por cada uno de nosotros en el
Calvario, la jordana agobiante a la muerte para luego
resucitar a la vida eterna, en el Tercer Da.

Entonces nuestro Dios nos oye siempre, porque l es muy rico
en todas las cosas del cielo y de la tierra, para perdonar,
ayudar y bendecir a todos sus pueblos de la humanidad entera,
de los que le aman y le adoran a l, en el espritu y en la
verdad viviente de su palabra viva y milagrosa. Y sta es la
palabra de Dios, la cual su Hijo amado nos la ha trado a la
tierra, para que entr en nuestros corazones y en nuestras
vidas, tambin, para manifestar cada una de las maravillas,
milagros y prodigios de los cielos y de toda la tierra,
tambin, para gloria y para honra infinita de su nombre
santo.

Porque la palabra de Dios tiene que glorificar y honrar el
nombre sagrado de nuestro Dios, por inicio, en nuestros
corazones y en nuestras vidas da y noche y por siempre, en
la tierra y en la eternidad venidera del nuevo reino de los
cielos, en el ms all. Porque sta santidad, sta gloria
infinita, slo le pertenece a nuestro Padre Celestial en
nuestros corazones y en nuestro diario vivir en la tierra o
en el paraso, slo por medio de la vida sagrada de su Hijo
amado, ?el Cristo de Israel y de la humanidad entera!

Porque realmente es imposible que la palabra viva de nuestro
Dios no glorifique a nuestro Padre Celestial en nuestros
corazones y en nuestras vidas, gracias a la verdad y a la
justicia infinita del Se?or Jesucristo actuando da y noche
en nuestros corazones y en nuestras vidas de siempre,
tambin, para alcanzar aun glorias nuevas e infinitas para
Dios. Por eso, el Se?or Jesucristo nos ha ense?ado, a travs
de su palabra viva, de que todo lo que le pidamos al SE?OR,
entonces lo tenemos que hacer nicamente por los poderes
sobrenaturales de su nombre, para que todo lo que queramos en
nuestras vidas, se hagan realidad ya, o lo ms antes posible,
para nueva gloria de nuestro Dios.  

Por lo tanto, est de parte de nosotros mismos creerle al
SE?OR, por todo lo que le pidamos en oracin, para que sea
hecha una realidad, cada una de nuestras peticiones, ruegos,
intercesiones, suplicas y dems, por ejemplo, para alcanzar
nuevas glorias a su nombre santo. Para que nunca nos falte
ningn bien, en la tierra ni menos en el ms all, como en el
nuevo reino de los cielos de su gran ciudad celestial: La
Nueva Jerusaln Santa y Eterna del cielo.

Por eso, la oracin debera ser parte cotidiana de nuestras
vidas, para alcanzar siempre lo inalcanzable o lo imposible,
por ejemplo, en nuestros corazones y en nuestras vidas de
siempre, en toda la tierra. Porque la verdad es que el
espritu del hombre es muy fuerte, ya que viene de Dios a l
y de su Espritu Santo; pero su carne es dbil, por falta de
los poderes, de los ingredientes espirituales del espritu de
la sangre viva del rbol de la vida, ?el Se?or Jesucristo!

EL ESPRITU HUMANO ES FUERTE, PERO SU CARNE ES DBIL, SIN
CRISTO

Por eso, cudense muchsimo, pues, oren sin cesar da y
noche, tambin, para que no entren en el mal de sus tinieblas
ni (de las tinieblas) de nadie, tampoco, para que no pierdan
nunca ningn bien de la tierra ni ninguna bendicin del
cielo. Porque el enemigo eterno de nuestras vidas y de
nuestras almas vivientes, siempre est rondando como len
rugiente: hambriento y sediento para ver a quien devorar y
destruir con sus mentiras de siempre, como las (mentiras) del
paraso, por ejemplo, con Adn y Eva y la serpiente antigua.

Y los que no estn con sus corazones y sus mentes en Dios y
en su Jesucristo, entonces son vulnerables a sus artima?as y
a sus ataques destructivos de sus corazones, de sus espritus
y de sus almas eternas, tambin. Es por eso, hacerle siempre
al enemigo alejarse de uno (y de los nuestros tambin), con
una oracin, por ms peque?a que sea, no importa, porque
realmente tiene igual de poder delante de Dios, en el nombre
sagrado de su Hijo amado, el Se?or Jesucristo, para
protegernos de las tinieblas ms terribles y destructibles
del ms all.

Entonces hagamos como el Se?or Jesucristo les dijo a sus
apstoles, en sus momentos ms cruciales de su vida mesinica
en Israel: Cuando les dijo con autoridad celestial, por
ejemplo: Oren conmigo a nuestro Padre Celestial que est en
los cielos, para que me de fuerzas y me gui a hacer su
voluntad perfecta y no la ma, en Israel. Porque la verdad es
que el espritu del hombre realmente est dispuesto para
hablar con Dios, por medio de su espritu y la oracin, en el
nombre sagrado de su Hijo amado, pero su carne es dbil, por
la presencia constante del pecado original de las primeras
palabras mentirosas de Lucifer y de su serpiente antigua del
Edn, por ejemplo.  

Visto que, Lucifer siempre ha sido el padre de toda mentira y
enemigo eterno a la oracin y a la alabanza de gloria y de
honra a nuestro Dios que est en los cielos, hecha siempre en
el nombre sagrado del Se?or Jesucristo en nuestros corazones
y con nuestros labios, por ejemplo. Y cuando nosotros no
queremos servirle al SE?OR, es porque realmente el mismo
espritu del enemigo nos hace hacer todas las cosas que no
van con lo que Dios desea en nuestras vidas, para honrarle y
para exaltarle a l, en su nombre santo, como debi de ser
as con Adn primero en el paraso, por ejemplo.

Entonces son estas mismas palabras de Adn que aun viven en
nuestros cuerpos corporales e espirituales, los que nos
causan problemas constantes entre nuestros corazones y el
corazn sagrado de Dios en la tierra por su palabra y en el
cielo por su nombre y por su Espritu Santo, por ejemplo.
Porque el conflicto entre Adn y Dios es el mismo de los
primeros das del paraso, ni ms ni menos, en toda la tierra
y en cada uno de nosotros, seamos hombres, mujeres, ni?os o
ni?as de la humanidad entera, para no obedecerle a l y comer
de su fruto de vida infinita, su Hijo amado, ?el Se?or
Jesucristo!

Puesto que, el corazn y el espritu humano que hemos
recibido de parte del Creador de nuestras vidas ama mucho,
por inicio, a su Espritu Santo y a la vida gloriosa del
rbol de la vida, ?el Se?or Jesucristo!, pero la carne que ha
sido engendrada en el pecado original de Adn es muy dbil,
para obedecer a su fruto de vida.

Entonces sta es una lucha espiritual, la cual no termina
nunca; porque comenz con Adn y jams termino con ninguno de
sus descendientes, ni aun con el Se?or Jesucristo en Israel o
de nuevo de regreso al epicentro del paraso, por ejemplo. En
el paraso, en donde Adn peca en contra del Se?or Jesucristo
y de Dios, tambin; y desde ese lugar decide descender a la
tierra el Se?or Jesucristo para defender a Adn y a sus
descendientes del mal del pecado y de su muerte eterna, en el
infiero o en el lago de fuego, en el ms all.

Porque el Se?or Jesucristo tuvo que sufrir mucho, en su vida
y en sus oraciones hacia Dios por ste conflicto espiritual
del paraso y del hombre por no haber comido ni bebido de su
fruto de vida eterna, su Hijo amado, ?el Se?or Jesucristo! En
verdad, esto ha sido un conflicto que nunca ha terminado,
desde que comenz en el corazn y en la carne de Eva y de
Adn, en el paraso, para luego seguir en nuestros corazones
y en nuestras vidas con sus mismos poderes y males de
siempre, para seguir hacindonos da?o delante de Dios y de su
rbol de vida.

Aqu es cuando el espritu rebelde del corazn del pecador y
de la pecadora, en vez de alzar sus ojos al cielo, en donde
est el altar de Dios y su Trono santo para honrar a su
Creador y al salvador infinito de su alma eterna, entonces
pone su mirada en dolos e imgenes de talla, por ejemplo. Y
esto es, realmente, para no comer, espiritualmente hablando,
de la comida y de la bebida de la vida eterna, el Cristo de
Israel y de la humanidad entera, para mal de su vida y de
muchos tambin en toda la creacin de Dios y de sus huestes
celestiales.

Pues entonces as como el pecador y la pecadora comienzan
hacer sus oraciones, sus ruegos, sus peticiones, sus
intercesiones en vano, porque nuestro Dios simplemente no los
oye. Nuestro Dios no oye al pecador, ya que el espritu del
fruto de la vida eterna no est en l ni en ninguno de los
suyos, tampoco, as como jams estuvo en el corazn de Adn
ni de Eva, en el paraso para que oiga sus palabras y los
bendiga en el nombre sagrado de su Hijo amado.

Porque la realidad es que nuestro Padre Celestial nos quiere
bendecir con todas las fuerzas de su alma y de su corazn
santsimo, con el nombre sagrado de su rbol de vida, el
Se?or Jesucristo, desde la misma creacin del paraso y del
cielo, pero si no estamos con su Hijo amado no hay nada de
nada, para siempre. Es decir, si no creemos en su nombre
santo y milagroso, entonces: ?Cmo nuestro Dios nos va a
bendecir y, a la vez, ha llenarnos de los bienes de los
poderes sobrenaturales de los dones de su Espritu Santo, por
ejemplo?

En aquel entonces, esto fue imposible para Dios hacer en el
paraso con Adn y Eva, y as tambin para cada uno de
nosotros en toda la tierra, por ms que l lo desee hacer as
en su corazn santsimo con cada uno de nosotros, en nuestros
millares, en toda la tierra, en el nombre sagrado del Se?or
Jesucristo. Pero, sin embargo, si creemos en nuestros
corazones y as confesamos con nuestros labios el nombre
sagrado de su Hijo amado, el Se?or Jesucristo, entonces
nuestro Dios nos puede perdonar, ayudar en muchas cosas;
bendicindonos grandemente con muchas de sus riquezas del
cielo y de la tierra, tambin y aun hasta de lugares que no
conocemos nosotros del ms all.

Por cierto, bendicindonos con todos los poderes
sobrenaturales de los dones de su Espritu Santo da y noche
y sin cesar jams por ninguna razn, para que nuestros
corazones crezcan y se llenen de muchas de las cosas que
siempre hemos deseado tener y gozar en nuestras vidas, desde
los das de la antigedad y hasta nuestros das, por ejemplo.
Por lo tanto, nuestro Dios ya no puede quedarse sin hacer
nada por nosotros, sino por lo contrario.

Ahora nuestro Dios nos puede perdonar y bendecir
profundamente y sobrenaturalmente, desde su trono santo en el
cielo, en el nombre sagrado de su Hijo amado, porque le hemos
credo a l, por su fruto de vida eterna, y no hemos sido
rebeldes como Adn y Eva en el paraso con l, por ejemplo.
Es por eso, que la palabra de Dios y el nombre sagrado de su
Hijo amado son muy importantes, en el corazn y en la vida de
cada hombre, mujer, ni?o y ni?a de la humanidad entera, para
superar el mal de la carne, por sus debilidades y por su
enlace a los poderes del pecado de Lucifer, por ejemplo.

Porque es Cristo y el espritu de su sangre santsima los
cuales rompen cada uno de estos males en nuestras vidas, para
cambiarlas por muchas de las bendiciones del cielo y as ya
no nos sigan haciendo da?o, como antes, como cuando Cristo y
su palabra no vivan en nuestros corazones, por ejemplo, en
el poder sobrenatural de la oracin. Es decir, que la mentira
de Lucifer dejara de existir y de tener influencias y poderes
en nuestras vidas, para ya no seguir hacindonos ningn mal,
como los que Adn y Eva sufrieron en el paraso, o como los
males habituales que han azotado tu vida, sin que t
entiendas nada, o el porqu de estas cosas, por ejemplo.

Porque es ste espritu de mentira y de muerte eterna, el
cual siempre nos tiene sujetos a la voluntad del corazn
perdido del primer pecado de Lucifer y de la serpiente
antigua del Edn, pero la sangre de Cristo les ha puesto fin
eternamente y para siempre, para que jams nos vuelvan hacer
ningn mal. Puesto que, las palabras de mentira y de muerte
eterna de Lucifer, las cuales contaminaron no slo el corazn
de la serpiente del Edn, sino que tambin contaminaron el
corazn de Eva y luego el de Adn y de cada uno de sus
descendientes, en sus millares, en toda la creacin
celestial, a pesar del tiempo transcurrido, aun est vigente.

ste es un espritu rebelde del paraso, y no de la tierra ni
aun del infierno, el cual slo el mismo espritu de la sangre
de Cristo lo puede destruir, en tu corazn y en tu vida,
tambin, mi estimado hermano, desde hoy mismo y para siempre,
en la eternidad venidera, si tan slo crees en l, en tu
redentor. Y esta es la eternidad de la nueva poca celestial
de Dios y de su rbol de vida eterna, rodeado por siempre de
sus ngeles del cielo y de su nueva humanidad infinita,
redimida por el poder de la oracin hacia l, el Santo de
Israel, en su nombre sagrado de toda la vida ?el Se?or
Jesucristo!

En realidad, ste espritu de rebelin y de desobediencia al
fruto de vida eterna de Dios y de su rbol de vida aun vive
en la carne del hombre de pecado y de la mujer de pecado,
tambin, para seguir haciendo el mismo mal de siempre, como
el del paraso, por ejemplo, para destruir por siempre toda
vida humana. Y as nuestro Dios que est en los cielos, ya no
sea ms honrado y glorificado en perfecta santidad y honra de
la vida gloriosa de su rbol de vida, como los ngeles lo han
venido haciendo, desde tiempos inmemoriales y hasta nuestros
das, en el cielo y hasta en la tierra, tambin, aunque no lo
crea as, mi estimado hermano.

Porque la verdad es que aun los ngeles del cielo, a veces,
por permiso de Dios mismo, descienden a la tierra y se unen
en alabanzas de gran gloria y de gran honra al nombre sagrado
de nuestro Dios entre los hombres, mujeres, ni?os y ni?as, de
bien y de buena voluntad de todas las familias de la tierra,
por ejemplo, en el nombre del Se?or Jesucristo. Y los
ngeles, a veces, hacen estas cosas sobrenaturales entre los
hombres de la tierra, para exaltar alguna gloria o alguna
honra sublime entre los pecadores y las pecadoras
arrepentidos de sus pecados, y que se han entregado a la vida
santa y eternamente honrada del rbol de la vida.

Es decir, entregarse al Se?or Jesucristo para cumplir toda
verdad y toda justicia en sus corazones y en sus vidas, a
pesar de la presencia terrible de las profundas tinieblas de
Lucifer y de sus ngeles cados en la tierra y en el bajo
mundo, tambin, por ejemplo. Porque toda verdad y toda
justicia tiene que cumplirse en el corazn del hombre, de la
mujer, del ni?o y de la ni?a de todas las razas, pueblos,
linajes, tribus y reinos de la tierra, en el nombre del Se?or
Jesucristo viviendo en sus corazones eternos, para entrar
entonces desde ya a la vida infinita del nuevo reino de Dios.

Entonces es bueno para el hombre siempre orar a su Dios en el
nombre sagrado de su Hijo amado, el Se?or Jesucristo, para no
caer en la tentacin del pecado de su propio corazn y de los
dems, tambin. Porque el pecador y la pecadora es realmente
tan culpable de sus pecados, como los de los dems, por
ejemplo. Es como Adn y Eva en el paraso, por ejemplo: Eva
fue quien primero peca al comer del fruto prohibido del rbol
de la ciencia del bien y del mal, pero toda la culpa recay
sobre Adn y no tanto sobre la mujer.

Pues as es, hoy en da, en toda la tierra, ya que porqu
otros pecan, esto no significa que el mal del pecado no te
tocara a ti, sino por lo contrario. En realidad, el pecado de
otros tambin puede tocarte y hacerte da?o, tambin, tanto
da?o como el que lo cometi o comenz, por ejemplo; es por
eso que necesitas siempre orar al SE?OR, en el nombre sagrado
de su Hijo amado, el Se?or Jesucristo, para que ningn mal o
pecado de otro u otros toque tu vida, por ninguna razn.

Porque el espritu de la oracin hecha en el espritu de la
verdad y de la justicia infinita del nombre del Se?or
Jesucristo, entonces puede mucho delante de Dios y de su
Espritu Santo, para perdonar, para ayudar y para bendecir a
cualquier hombre, mujer, ni?o y ni?a de la humanidad entera
en toda la tierra, hoy y siempre. Pues bien, si te mantienes
en oraciones, cortas o largas, en el nombre del Se?or
Jesucristo, delante de tu Dios y Creador de tu vida, entonces
ningn mal ha de tocar tu morada ni menos tu vida,
eternamente y para siempre, en la tierra ni menos en el
paraso.

TODO AQUEL QUE LE PIDE A DIOS EN EL NOMBRE DE JESS, ENTONCES
RECIBE

Y yo les digo, les deca el Se?or Jesucristo a sus apstoles
y discpulos, en todos los lugares de Israel, cada vez que
predicaba la nueva vida venidera del reino de Dios y de su
justicia infinita: Pidan; pidan sin dudar en sus corazones, y
se les dar. Busquen y hallaran alimento paras sus cuerpos y
para sus almas infinitas. Llamen, y se les abrir la puerta
del cielo, para que sus bendiciones desciendan a sus vidas
da y noche y por siempre en la eternidad venidera.

Dado que, todo aquel que pide recibe, y el que busca
encuentra, y al que llama se le responder y se le abrir las
ventanas de los cielos y su puerta tambin de su nueva vida
infinita, en la tierra y en el nuevo reino de Dios y de su
rbol de vida eterna, su Hijo amado, ?el Se?or Jesucristo!
Porque lo que Dios ha creado, ha sido para que el corazn y
el alma del hombre, de la mujer, del ni?o y de la ni?a de la
humanidad entera, lo disfruten por siempre, siempre alabando
y honrado a su Dios y a su Jesucristo en sus corazones, en
todos los lugares de la tierra y en el paraso, tambin.

Para que de esta manera, no les falte nunca ningn bien en
sus vidas, en la tierra ni menos en el paraso, eternamente y
para siempre. Porque as como hay abundancias de todas las
cosas en el cielo, pues, tambin en todos los lugares de la
tierra; y nuestro Dios se los entrega todo da y noche a los
que le aman a l, en el espritu y en la verdad del espritu
de la sangre y de la vida eterna de su Hijo amado, ?el Se?or
Jesucristo!

Puesto que, slo el Se?or Jesucristo es la oracin perfecta
del corazn del hombre para agradar a su Dios y Fundador de
su vida, en toda verdad y en toda justicia infinita, en la
tierra y en el paraso, tambin, eternamente y para siempre.
Y como nuestro Dios ama a la oracin, entonces nos ama a cada
uno de nosotros, en nuestros millares, de todas las razas,
pueblos, linajes, tribus y reinos de toda la tierra, desde la
antigedad y hasta aun ms all de la eternidad venidera, por
ejemplo.

Y nuestro Dios nos ha de seguir amando mucho ms que antes en
la eternidad venidera, en nuestros nuevos lugares del cielo,
por amor a la oracin perfecta de su corazn, su fruto de
vida, su Hijo amado, el rbol de la vida eterna. Porque,
adems, nuestro Dios est muy interesado en que cada uno de
nosotros se comunique con l, slo por medio de su Hijo
amado, para as entonces responderle adecuadamente en todo lo
que le pida, en esta vida y en la venidera tambin.

Ya que, slo Dios puede contestar la oracin del hombre,
hecha en el nombre del Se?or Jesucristo para alcanzar
grandezas y perfecciones jams alcanzadas por los corazones
de los ngeles ni menos por el pecador del paraso o de la
tierra, como Adn y Eva, por ejemplo, sin la ayuda idnea del
Espritu Santo y de su Hijo, el Cristo. Es por eso, que el
Se?or Jesucristo y el Espritu Santo son muy importantes en
nuestros corazones, en nuestras oraciones y en nuestro diario
vivir, en la tierra y as tambin en el cielo, como en La
Nueva Jerusaln Santa e Infinita del nuevo ms all de Dios y
de sus ngeles celestiales y su nueva humanidad infinita de
siempre.

Por esta razn, nuestro Dios es bueno y siempre est listo
para suplirnos cada una de nuestras necesidades, slo por
medio de sus muchos frutos de vida y de salud infinita de su
rbol Viviente, su Hijo amado, el Se?or Jesucristo. Y, hoy en
da, Dios deseara suplirte muchas de tus tantas necesidades
(en tu vida y en la de los tuyos, tambin), si slo tu
corazn confiara en l, por medio del espritu del amor y de
la sangre bendita de su Hijo amado, el Se?or Jesucristo.

En vista de que, mayor nombre bendito y milagroso, como el
nombre del Se?or Jesucristo no haba para Adn ni para Eva,
en el paraso. Pues as tambin en tu vida de hoy en da, mi
estimado hermano y mi estimada hermana, para Dios comenzar a
or tu oracin y bendecir tu vida por siempre en su
Jesucristo, en la tierra y de nuevo eternamente y para
siempre, en tu nueva vida infinita del paraso y de La Nueva
Jerusaln Santa y Perfecta del cielo.

Porque en el cielo, Dios siempre ha odo desde siempre cada
una de las oraciones y tambin de las alabanzas de sus
ngeles, arcngeles, serafines, querubines y dems seres
santos, en el nombre de su Hijo amado; y sin el nombre del
Se?or Jesucristo, nuestro Dios jams ha odo la oracin ni la
alabanza de ninguno de sus ngeles. Y fue aqu que Lucifer
con sus ngeles cados peca delante de Dios y de su rbol de
vida eterna, por vez primera.

Porque los ngeles cados trataron de acercarse a Dios con
sus oraciones y con sus supuestas honras a l, en el nombre
desconocido y hasta inicuo de Lucifer, para airarle y hasta
el punto que ya no podan permanecer en su presencia santa ni
slo momento ms. Porque la verdad y la justicia del Se?or
Jesucristo no se encontraban en ninguno de ellos, en sus
millares, que llenaban los cielos, sino slo tinieblas de sus
falsas palabras, de enga?o y de muerte eterna solamente, para
el juicio final de Dios para los rebeldes a su nombre santo,
en el cielo y en toda la tierra, tambin.

En verdad, nuestro Dios jams pudo realmente bendecir a
ninguno de los ngeles cados, en sus millares, en todos los
lugares del reino de los cielos, hasta que se perdieron para
siempre, comenzando con Lucifer, por ejemplo, porque en sus
palabras no estaba el espritu de vida y de la verdad eterna,
?el Se?or Jesucristo! Y cuando Adn y Eva le hablaban a Dios
en el paraso despus de haber consumado el fruto prohibido,
pues tampoco en ellos Dios encontr el espritu del nombre
del Se?or Jesucristo en sus palabras, para mal eterno de
muchos, comenzando con ellos mismos.

Entonces nuestro Dios puso a Adn y a Eva en el paraso, para
que ellos hablasen con l en el espritu de la oracin, por
medio de su fruto de vida de su rbol Viviente, su Hijo
amado, el Se?or Jesucristo. Y Adn ni Eva jams entendieron
en sus corazones, en el comienzo de sus vidas, de que tenan
que creer en sus corazones y confesar con sus labios el
espritu del nombre milagroso y todopoderoso del Se?or
Jesucristo, para bien de sus vidas y de los suyos tambin
eternamente y para siempre, en toda la creacin celestial.

Porque en el paraso, Dios quera suplirle cada una de las
necesidades de Adn y de sus descendientes, comenzando con
Eva, slo por medio de la oracin y de su rbol de vida
eterna, el Se?or Jesucristo. Y sin el fruto del rbol de vida
eterna, entonces Dios no poda darle nada de nada a Adn ni a
Eva tampoco.

Y, hoy en da, sta misma mxima del paraso y de la vida de
Adn y de Eva es una verdad viva y constante en cada uno de
nosotros, en todos los lugares de la tierra, como
descendientes directos y eternos de cada uno de ellos, en el
cielo y en la tierra, tambin. Porque la verdad es que somos,
cada uno de nosotros, en nuestros millares, en todas las
naciones de la tierra: descendientes directos de Adn en el
paraso, para conocer por siempre "la oracin y la vida
eterna de Dios y de su rbol de vida", por el poder
sobrenatural del espritu de su palabra y de su nombre santo.

Por cuanto, fuera del Se?or Jesucristo para Dios y as
tambin para cada ngel del cielo no hay otra vida igual, en
el paraso ni menos en ningn lugar de toda la creacin, como
la tierra de nuestros das y de la tierra nueva con nuevos
cielos venideros del ms all, por ejemplo, como La Nueva
Ciudad Celestial del reino. Es por eso, que es muy importante
la oracin hecha, slo en el nombre del Se?or Jesucristo en
nuestro corazn para nuestro Padre Celestial que est en los
cielos sentado gloriosamente sobre su trono de la gracia y de
la misericordia infinita, para todo aquel que crea en l, por
amor a Jesucristo.

Y el Se?or Jesucristo les ense?aba a las gentes a siempre
pedirle a Dios todo lo que necesiten, en sus vidas, pero slo
por el poder de la oracin en su nombre santo; y sin la
oracin y sin su nombre santo, entonces Dios nos les iba a
conceder nada de nada a ninguno de ellos, jams. Porque es
slo Dios quien suple las necesidades de los pueblos,
naciones reinos y, por supuesto, a cada ngel del cielo y as
tambin a cada hombre, mujer, ni?o y ni?a de la humanidad
entera, en la invocaron del nombre sobrenatural de su Hijo
amado, ?el Se?or Jesucristo!

Visto que, por medio de l mismo, siendo el rbol de la vida
del paraso y del reino de los cielos, el Se?or Jesucristo,
pues as tambin para toda vida en todos los lugares de la
tierra, y aun hasta para toda vida de las que estn
escondidas debajo de las aguas de la tierra, como los mares,
por ejemplo. Es decir, que slo en el Se?or Jesucristo
nosotros tenemos todo lo que necesitamos de Dios y de su
Espritu Santo, para nuestros corazones y para nuestras vidas
terrenales y celestiales, tambin, en el ms all, en
nuestros nuevos lugares eternos del cielo.

En la nueva tierra con nuevos cielos infinitos, de los cuales
jams han conocido la maldad del pecado ni la muerte del
ngel cado ni del hombre pecador de toda la tierra, sino que
slo conocen del nombre de Dios y de su espritu de verdad y
de la justicia infinita de su rbol Viviente, su Hijo amado,
?el Cristo! En otras palabras, nuestro Dios es muy rico en
los cielos y en la tierra, tambin, y nos quiere dar muchas
cosas, si tan slo se lo pedimos a l, en oracin y en el
nombre sagrado de su Hijo amado.

Para que entonces muchos poderes sobrenaturales de los dones
de su Espritu Santo, poderes y autoridades que nuestro Dios
ya le entrego al Espritu Santo para que nos bendiga a cada
uno de nosotros, en toda la tierra, si tan slo creemos en
l, en oracin y en el nombre sagrado de su Hijo amado, el
Se?or Jesucristo. Eso es todo, lo que Dios siempre ha
requerido de cada uno de nosotros, en todos los lugares de la
tierra, para amarnos y para bendecirnos en todas nuestras
cosas, como siempre lo ha hecho con sus ngeles del cielo,
por ejemplo.  

Y, adems, en sta vida nueva, los ngeles y as tambin los
hombres, mujeres, ni?os y ni?as de la humanidad entera,
redimida de sus pecados por su oracin de fe, hecha en el
nombre del Se?or Jesucristo delante, slo servirn a su Dios
y a su Espritu, en los frutos de vida, ?el Se?or
Jesucristo!, para jams volver a morir. Y esto es algo que
debi de ser as, desde el comienzo de todas las cosas, en el
paraso, con Adn y Eva, por ejemplo, para bien y salud
eterna de muchos en el cielo y en toda la tierra, eternamente
y para siempre.

Pero Lucifer tronco el plan de Dios, como sabemos por la
escritura, no para siempre, sino por un corto tiempo, para
luego volver todo a la normalidad en los das postreros, con
nuevas tierras y nuevos cielos habitados por ngeles y as
tambin por su humanidad de siempre, si tan slo creemos en
l, en la vida sagrada de su Jesucristo. Y slo as, desde
hoy mismo, hemos de empezar la vida eterna del nuevo reino de
Dios en la tierra y en el cielo tambin, como en La Nueva
Jerusaln Santa y Perfecta del ms all, por el poder
sobrenatural de la oracin en nuestras vidas del nombre del
Se?or Jesucristo.

Porque la oracin de fe, la que hayan hecho en sus corazones
y con sus labios, creyendo en los poderes sobrenaturales de
la misericordia y de la gracia de Dios y de su Jesucristo,
entonces vivirn por siempre en el nuevo reino de los cielos,
para servir a su Dios eterno, y sin jams volverse alejar de
l, para siempre. Es decir, que cada uno de sus hijos e hijas
de toda la tierra ha de entrar a vivir en el espritu de la
nueva vida infinita, para orar, alabar, exaltar, honrar,
glorificar, santificar y muchas cosas ms, slo para alcanzar
nuevas glorias y honras infinitas del nombre sagrado de
nuestro Dios y Padre Celestial que est en los cielos.

Y es aqu, en donde has de vivir por siempre orando y
sirvindole a tu Dios, mi estimado hermano y mi estimada
hermana, como los ngeles lo han hecho a travs de los siglos
y hasta nuestros das, para alcanzar glorias y santidades
infinitas, por el poder de la oracin y de la alabanza a su
nombre santo. Pero esta vez, nosotros mismo (y no otros) le
serviremos a nuestro Dios en el poder de la oracin y de la
alabanza celestial con mayor gloria y santidad que antes de
parte de Dios y de su rbol de vida, el Se?or Jesucristo,
viviendo en nuestras vidas de da a da y hasta por siempre,
en la nueva eternidad venidera. ?Amn, que as sea para todos
los hijos e hijas de Dios, en toda la humanidad infinita, del
ayer y de siempre!

Libro 152

LA GRACIA PERPETUA

La gracia del paraso es nuestra, porque emana del rbol de
la vida, el Se?or Jesucristo, a todo ser viviente del cielo y
de la tierra. Y con sta gracia celestial, el ngel del cielo
y as tambin todo hombre, mujer, ni?o y ni?a de la humanidad
entera, tiene comunin perfecta con Dios y con su Espritu
Santo da a da y por siempre, en la eternidad venidera.

Es por eso, que todo lo que es del Se?or Jesucristo es muy
fundamental en la vida del hombre, en la tierra y en el
paraso, tambin, para el infinito, porque somos del
infinito; as como Dios es del infinito, pues, as tambin
cada uno de todos nosotros, en nuestros millares, en toda la
tierra, somos del infinito. Es por eso, que la gracia
maravillosa y todopoderosa del paraso es muy esencial para
nuestros corazones y para nuestro diario vivir, en el
paraso, en la tierra y en La Nueva Jerusaln Santa y
Perfecta del cielo, por ejemplo.

Entonces debemos de dar gracias a nuestro Dios y a su
Jesucristo da y noche en nuestras vidas por su gran obra
sobrenatural, que no slo ha cumplido y exaltado la Ley en la
vida del hombre, pero tambin le ha puesto fin al pecado y a
su ngel de la muerte, en el infierno. Porque la gracia
todopoderosa e infinita del rbol de la vida y de su Ley le
ha puesto fin al pecado y al ngel de la muerte, en la vida
de cada hombre, mujer, ni?o y ni?a de la humanidad entera. Y
esta gracia del paraso y perpetua slo existe para nosotros,
eternamente y para siempre.

Porque el Se?or Jesucristo naci entre los hombres, para
vivir la Ley y llevarla a los rboles cruzados de Adn y Eva,
sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusaln,
en Israel, para ponerle fin al pecado y hacer entonces que el
Espritu de la Ley se convierta en la gracia infinita de
siempre, del paraso. La nica gracia celestial de Dios, la
cual redime el alma del hombre de todos sus males, y lo lleva
entonces de regreso a su lugar de siempre, el cielo, el
paraso, para que siga viviendo su vida infinita, en la
inmensidad gloriosa de Dios y de su rbol de vida eterna, de
la brillante eternidad celestial.

Entonces la gracia milagrosa de la gran obra eterna de
nuestro redentor, el Se?or Jesucristo, nos libra de todo
pecado, de toda enfermedad y de toda muerte eterna, en la
tierra y en el ms all, tambin, como en el bajo mundo del
infierno y del lago de fuego, por ejemplo. sta gracia
infinita de Dios slo es posible en la vida del hombre, si
tan slo cree en su corazn y as confiesa con sus labios: el
nombre salvador del Hijo amado de Dios, ?el Se?or Jesucristo!

Ya que, slo el Se?or Jesucristo es la plenitud de la gracia
verdadera, justiciera, santificadora y salvadora de Adn y de
cada uno de sus descendientes, en sus millares, de todas las
razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra. Por
eso, cuando Adn y Eva comieron del fruto prohibido del rbol
de la ciencia, del bien y del mal, entonces en el mismo
paraso, por vez primera, deshonraron la Ley Divina y
mataron, de golpe, su gracia infinita, la cual se encontraba
individualmente de todo hombre, en la vida gloriosa y
sumamente honrada de nuestro salvador, ?el Se?or Jesucristo!

Por lo tanto, el Se?or Jesucristo no pudo hacer nada por Adn
y Eva, en el paraso, ni por ninguno de sus descendientes, en
el da que estaban de pie delante de su Dios y Creador de sus
vidas, por culpa de su rebelin; pues ambos haban violado la
Ley y su gracia celestial, del fruto de la vida eterna. Algo
que ambos jams debieron haber hecho, por ninguna razn de
sus vidas celestiales, para quebrantar la palabra y el
mandato directo de Dios, de no comer del fruto prohibido
jams, pero si del fruto de la vida eterna, su Hijo amado, su
nico gran rey Mesas para sus vidas, en la eternidad del
infinito.

En aquel da, nuestro Dios slo vea su Ley quebrantada en la
vida de Adn y de cada uno de sus descendientes, en sus
millares, en toda su creacin, para juzgarlos da y noche y
hasta que se arrepientan terminantemente por sus pecados, por
sus rebeliones, por sus culpas infinitas, en contra de su
palabra y de su gracia celestial. Pues bien, lo que haba
sido gracia y paz para Adn y los suyos, entonces no quedaba
nada en el paraso, sino total desamparo y destruccin por
doquier en el cielo, de todo lo bueno que haban conocido en
el reino de Dios y de sus huestes celestiales, tambin.

No quedaba nada delante de Dios, porque el Se?or Jesucristo
haba sido rechazado y, a la vez, herido mortalmente por las
palabras de Adn y de Eva, al creer a la mentira de Lucifer y
de su fruto prohibido, para mal de sus vidas y de los dems,
tambin, por doquier en toda la creacin y hasta nuestros
das. Y ste espritu de la gracia, de la Ley y del rbol de
la vida, era muy importante en el paraso, para que Adn
pudiese seguir viviendo con los suyos en l.

Pero como Cristo haba sido rechazado, por lo tanto, anulado
su poder sobrenatural de su fruto de vida y de su gracia
infinita, entonces no poda hacer nada por ninguno de ellos,
hasta que el espritu de la gracia de la Ley sea en el
paraso y por toda la creacin, tambin, restaurada a su
gloria anterior y de siempre. Es por eso, que al Se?or
Jesucristo slo le quedo, en aquel da de la cada de Adn,
nacer del vientre virgen de una de las hijas del hombre, no
en el paraso, sino en la tierra de nuestros das, como en la
tierra escogida por Dios, para ste gran propsito infinito
para bien de la humanidad entera.

Con el fin de que la Ley sea vivida en su vida y cumplida, al
mismo tiempo, en su corazn y en el corazn de todos los
hombres, mujeres, ni?os y ni?as de la humanidad entera,
comenzando con Adn y Eva, por ejemplo, aun muertos, sobre la
cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusaln, en
Israel. Para ponerle fin al pecado, de una vez por todas y
para siempre, y entonces volver as abrir el espritu de los
poderes sobrenaturales de la gracia infinita de la Ley de
Dios, cumplida y sumamente honrada, en la vida de nuestro
Se?or Jesucristo, en la tierra y en el paraso, eternamente y
para siempre.

Para que todo hombre que desee acercarse a su Dios y a su
trono de la gracia y de la misericordia, para pedirle el
perdn de su alma y la sanidad de su cuerpo y de su vida
total, tambin, en la tierra y en el cielo, entonces lo pueda
hacer, sin ningn problema alguno. Lo pueda hacer realmente
da y noche y por siempre su oracin, en el nombre sagrado de
su Hijo amado, ?el Se?or Jesucristo!, para que ningn mal
da?e su vida ni sus tierras, ni que ningn bien jams le
falte en su vida ni en la de los suyos, tambin, en todos los
das de su vida y para siempre.

Visto que, slo el Se?or Jesucristo es el autor de nuestra
gracia infinita, como lo fue en su da para Adn y Eva, en el
paraso antes que ambos violaran el mandato de la Ley de Dios
y de su fruto de vida eterna, la gracia de Sin, el santo de
Israel y de la humanidad entera, ?el Se?or Jesucristo! Porque
sabe nuestro Dios muy bien en su corazn, que ningn hombre,
mujer, ni?o o ni?a de la humanidad entera, podr jams vivir
sin la gracia del Se?or Jesucristo y de su Ley cumplida y
sumamente honrada en su vida, en la tierra ni en el paraso,
ni menos en el nuevo reino celestial, por ejemplo,
eternamente  y para siempre.

Es por eso, que el Se?or Jesucristo es muy trascendental e
imprescindible para la vida del hombre, en el paraso y en
todos los lugares de la tierra, del ayer y de siempre, para
poder entonces vivir en la verdad, en la justicia, en la
santidad perfecta de la Ley de Dios y del reino de los
cielos. La Ley de Dios y del paraso eternamente cumplida por
Cristo mismo, en el corazn, en el alma y en todo su espritu
humano y eterno, en la tierra y en el paraso, tambin, para
agradar a su Dios y Creador de su nueva vida infinita, para
miles de siglos venideros, en el ms all, en su nuevo reino
celestial.

Pues bien, la gracia de Dios es parte del corazn de nuestro
Padre Celestial y de su Espritu Santo, para enriquecimiento
sobrenatural de su vida eterna, en el paraso, en la tierra y
en el nuevo reino de los cielos, como en La Nueva Jerusaln
Santa e Infinita del cielo. Pues as tambin debe de ser en
el corazn de cada uno de sus seres creados ngeles del cielo
y hombres, mujeres, ni?os ni?as de la humanidad entera, para
que siempre haya armona infinita entre el cielo y la tierra,
entre Dios y toda vida del paraso y de la tierra,
eternamente y para siempre.

Si, la gracia de nuestro Se?or Jesucristo es ms poderosa que
todos los poderes del mal del pecado y de su muerte eterna,
en la tierra y en el bajo mundo de los muertos, tambin, para
siempre. Con la gracia de nuestro Se?or Jesucristo entonces
"el favor de Dios" reina en nuestras vidas da y noche y ms
no el pecado ni su muerte eterna, en la tierra ni en el ms
all.

Y si la gracia de Cristo reina en tu vida, porque habrs
credo en l y en su gran obra redentora, de donde ha salido
el fin del pecado y la gracia sobrenatural de vida y de salud
infinita de la Ley cumplida y eternamente honrada de Dios,
entonces le podrs pedir a Dios lo que desee tu corazn. Y l
mismo te lo otorgara todo, ni ms ni menos, slo con creer en
tu corazn en el nombre sagrado de su Hijo amado, el Se?or
Jesucristo, para bien de tu vida y para bien de muchos,
igualmente, en todos los lugares de la tierra y del paraso,
tambin, en el cielo, por ejemplo.

Puesto que, si la gracia del rbol de la vida est en ti, por
el poder del espritu de tu fe, en su Hijo amado, entonces tu
lugar infinito, tu hogar eterno del paraso, espera por tu
pronto retorno a tu vida antigua del cielo y de siempre.
Porque jams debiste haberla abandonado, esa vida tan grande,
tan gloriosa, tan honrada del cielo, por la falta de la
gracia del Se?or Jesucristo, en la vida de Adn y Eva, por
ejemplo. Pero como ambos se burlaron de la gracia de Cristo
con las palabras de Lucifer, rompiendo as la Ley del
paraso, entonces tuvieron que perder sus vidas celestiales.

Y el que se burlare de Cristo, su nica gracia redentora de
su vida en la tierra y en el paraso, tambin, entonces
nuestro Dios mismo lo llamara a cuentas, para que responda
por la maldad de su corazn y de su vida hacia l y hacia su
Hijo amado, ?el Se?or Jesucristo! Porque nadie se podr
burlar de la gracia salvadora de su rbol Viviente, como lo
hicieron Adn y Eva, por ejemplo, en el paraso, y se queden
sin su castigo justo en sus vidas, ya sea en el cielo o en la
tierra, a nuestro Dios le da igual, siempre y cuando se le
haga justicia a su Jesucristo.

SI, AS ES: DIOS MISMO SE BURLARA DE LOS QUE SE BURLAN DE SU
GRACIA

Ciertamente nuestro Padre Celestial se burlar de los que se
burlan en su gran da, pero a los humildes conceder gracia,
que Adn y Eva perdieron en el paraso, al no comer y beber
de su fruto de vida eterna, su Hijo amado, ?el Se?or
Jesucristo!, cada vez que invoquen su nombre santo, en sus
corazones y con sus labios. Porque no es posible que los que
se han burlado de la gracia del Se?or Jesucristo, entonces
vivan para contarlo a los impos, como ellos mismos.

Por lo tanto, los sabios poseern honra delante de su
presencia santa, porque entienden a su Hijo amado en sus
corazones y en sus espritus humanos, pero no as con los
necios. Los necios morirn en sus tinieblas eternas, si no se
arrepienten de sus males infinitos de sus corazones y de sus
almas vivientes, tambin, de no creer en la verdad, la
justicia y la santidad perfecta del espritu de la gracia de
la Ley y de su gran rey Mesas, el Cristo.

Ciertamente, los necios cargarn con la afrenta de sus
pecados, por los siglos de los siglos, en el ms all, entre
llamas ardientes del fuego eterno del infierno; es ms, la
afrenta de sus burlas jams se alejara de sus corazones,
durante los das de su vida por la tierra ni aun en su
castigo eterno del lago de fuego. Los necios jams volvern a
conocer lo que es vivir en paz, en sus vidas, por sus culpas,
por sus pecados y por sus grandes maldades hechas en contra
de su Dios tan santo y tan justo, como slo lo ha sido
nuestro Padre Celestial y su Hijo amado, el Se?or Jesucristo,
desde la eternidad y hasta la eternidad venidera.

Por ello, todo lo que haya sido vida y felicidad en sus vidas
pecadoras y rebeldes al Se?or Jesucristo, entonces se tornara
en llamas de tormentos eternos, porque ya no hay ms gracia
protectora para sus vidas de parte del rbol de la vida, el
Se?or Jesucristo, para siempre. Y porque, adems, el lago de
fuego ha sido creado slo para los necios, para que reciban
su segunda muerte final, la muerte de la vida de todo pecador
y pecadora que haya vivido su vida de maldad en contra de la
Ley Celestial y del Se?or Jesucristo, en sta vida, en sta
tierra, de hoy y de siempre.

Y nuestro Dios ha de castigar a los que se burlan de su
gracia infinita, porque no es posible que su Hijo amado sea
burlado, ni ninguno de los suyos, tampoco, por ningn pecador
en el paraso ni en ningn lugar de toda su creacin, como en
la tierra de nuestros das, por ejemplo. Porque el que se
burla del Se?or Jesucristo y de su espritu de gracia,
alcanzada sobre la cima de la roca eterna, con su alma santa
y con su sangre viviente, para la expiacin del pecado,
entonces ya no tendr otra vida santa y otra sangre bendita,
para hacer expiacin por su vida, en el altar de Dios, para
siempre.

Es por eso, que todo lo que el hombre sembrare en la tierra,
durante los das de su vida, entonces eso mismo ha de recoger
en el da final, delante de Dios y de su rbol de vida, ni
ms ni menos. Es decir, tambin, de que si el hombre sembr
para bien, entonces para bien ha de recoger; pero si hizo lo
contrario, sembrando lo malo en todos los das de su vida por
la tierra, entonces slo el mal ha de recoger da y noche y
hasta que finalmente su alma perda en sus profundas
tinieblas, caiga en el infierno.

Porque toda palabra y accin de la vida del hombre y de la
mujer est escrita en los libros de Dios en los cielos, para
ser abiertos en el da del juicio final de todas las cosas,
en el ms all. Porque nuestro Dios es justo, y l jams se
ha burlado de nadie que haya sido justo con su Hijo amado, el
Se?or Jesucristo, delante de su presencia santa, en el
paraso y en la tierra, sino todo lo contrario. Nuestro Dios
ha amado a todo hombre, mujer, ni?o y ni?a que ha sido justo
con su Hijo amado, el Se?or Jesucristo.

Pero a los impos, slo les espera todas sus malas palabras y
malas acciones escritas en los libros del cielo, para su
juicio y su castigo final, en el lago de fuego, en el ms
all. Y nuestro Dios jams se ha agradado de la muerte del
impo y del necio, sino todo lo contrario. Nuestro Dios
siempre ha deseado que ellos se acerquen a l, por medio de
su gracia infinita y redentora de sus vidas, su Hijo amado,
el Se?or Jesucristo, para que vivan y dejen de morir para
siempre.

Porque nuestro Dios slo desea ver verdad, justicia y
santidad perfecta en la vida de cada hombre, mujer, ni?o y
ni?a de la humanidad entera, para que vean por siempre la
vida y jams la muerte del infierno o del lago de fuego, por
ejemplo, ni ningn mal desconocido o escondido del ms all,
para destruir sus vidas. Es por eso, que nuestro Padre
Celestial llama a Adn primero y luego a Eva ha comer por
siempre de su fruto de vida eterna, porque slo su Hijo amado
es la gracia verdadera y salvadora de todo hombre, mujer,
ni?o y ni?a del paraso y as tambin de toda la tierra, de
nuestros das y de siempre.

Y sta gracia divina del paraso est, hoy en da, con cada
uno de nosotros, en todos los lugares del mundo, como lo
estuvo con Adn y Eva en sus das de vida celestial, en el
paraso, para que coman y beban de l, eternamente y para
siempre, junto con los suyos y los ngeles del cielo,
tambin, por ejemplo. Y toda sta gracia celestial, slo es
posible, hoy en da, como lo fue con Adn y Eva en el
paraso, en tan slo creer en el corazn y confesar con los
labios: el nombre sagrado de su Hijo amado, ?el Se?or
Jesucristo!

Slo el Se?or Jesucristo es la gracia redentora de Dios para
la humanidad entera, de hoy y de siempre. Porque fuera del
Se?or Jesucristo no hay ninguna verdad, justicia ni santidad
posible, para ninguno de sus seres creados, por ms santos
que sean en el cielo, como los ngeles, o en la tierra, como
los hombres y mujeres de toda su creacin, por ejemplo. Y
cada uno de ellos, en sus millares, necesita de la gracia de
Dios y del Se?or Jesucristo para ver la vida eterna, desde la
tierra y hasta finalmente entrar de lleno, en el nuevo reino
de los cielos.

Adems, sin la gracia del Se?or Jesucristo, entonces no hay
vida alguna posible para ese hombre o para esa mujer, sea
quien sea la persona, en la tierra o en el paraso,
eternamente y para siempre. Entonces el que ha recibido a su
Hijo amado, en su corazn, como su nico salvador personal,
en esta vida y en la venidera, tambin, est cumpliendo con
su Dios, con su Espritu Santo y con su Ley Suprema, desde el
momento que ha invocado el nombre sagrado del Se?or
Jesucristo con sus labios, en su vida.

Y esto es verdad, salud, paz, justicia, santidad y vida
infinita para ese hombre y para esa mujer, en la tierra y as
tambin, lo mismo, en el paraso o en La Nueva Jerusaln
Santa e Infinita del cielo, por ejemplo. Por lo tanto, el tal
ya no se est burlndose de la verdad, justicia y santidad de
su Creador, sino que habr cumplido con l, su Dios y Se?or
de su vida, eternamente y para siempre, en todo lo que es la
palabra y la Ley Divina, slo posible en la vida del Se?or
Jesucristo, su nico posible salvador celestial.

Adems, esto es, por cierto, vida y salud en abundancia para
su vida y para la vida de muchos, en la tierra y en el
paraso, tambin, desde hoy mismo y eternamente y para
siempre, en la eternidad venidera de Dios y de su rbol de
vida. Efectivamente, esto es el poder de la gracia de Dios en
la vida del hombre, de la mujer, del ni?o y de la ni?a de la
humanidad entera, desde el paraso y en la tierra, tal como
Dios llamo a Adn y a Eva que le obedecieran a l, para
cumplir toda verdad, justicia y santidad celestial, para
vivir infinitamente.

Es por esta razn, que siempre ha sido bueno, y jams por
dems, de recibir y de honrar por siempre el nombre sagrado
de toda la verdad, justicia y santidad de nuestro Padre
Celestial que est en los cielos, para que l jams sea
burlado por nuestros corazones, ni por nuestros labios y
vidas infinitas, de nuestros espritus humanos. Porque el que
no tiene a Cristo Jess viviendo en su corazn, entonces vive
burlndose de su Dios y Creador de su vida, en la tierra y en
el paraso, tambin; es decir, que su vida no tiene ninguna
bendicin de la gracia verdadera e infinita de la vida santa
del paraso y de nuestro Padre Celestial, en la tierra.

Ya que, el que no ha vivido, con su corazn y con su espritu
humano, el amor y la vida de su rbol de vida, entonces ha
cado en el mismo error de Adn y Eva del paraso, para
perdicin y condena eterna por sus palabras y por sus
acciones equivocadas, delante del fruto de la vida, ?el Se?or
Jesucristo! Y para nuestro Dios esto es pecado, en el paraso
y por toda la tierra, tambin, ni ms ni menos. Realmente,
esto es algo, o un mal terrible, que Dios jams ha deseado
ver en ninguno de sus seres amados, como ngeles del cielo u
hombres y mujeres de la humanidad entera, del ayer y de
siempre.

Puesto que, todo aquel que honra a su Hijo amado, el Se?or
Jesucristo, entonces ha honrado su palabra y su Ley Viviente,
la cual jams ha de morir en sta vida ni en la venidera,
tampoco. Porque los cielos y la tierra han de pasar, pero
jams la palabra que ha salido de la boca de Dios, sino todo
lo contrario.

La palabra de Dios ha de seguir llenando los corazones y las
vidas de los ngeles del cielo y as tambin de todo hombre,
mujer, ni?o y ni?a de la humanidad entera, de la verdad,
vida, salud, justicia, amor, paz, sabidura y muchos poderes
y maravillas sobrenaturales de su rbol Viviente, su Hijo, el
Se?or Jesucristo, eternamente y para siempre. Para que
entonces l jams sea burlado de ninguno de sus enemigos, ni
menos de ninguno de sus seres creados, como ngeles del cielo
y hombres, mujeres, ni?os y ni?as del paraso y de la tierra,
tambin, en la nueva eternidad venidera de su nuevo reino
celestial, por ejemplo.

Porque el cielo y con sus nuevas tierras del ms all,
realmente, no conocen la burla ni la maldad de ningn rebelde
o pecadora a su nombre, palabra o la Ley Santa de su Hijo
amado, sino todo lo contrario. Todo es vida, en el nuevo
reino de Dios. Es ms, el Espritu de la vida santa del nuevo
reino de Dios slo conoce del amor, la verdad, la justicia y
la santidad infinita del fervor de la vida eterna y sumamente
gloriosa, de su rbol de la vida, ?el Soberano de Israel y de
la humanidad entera!, ?el Hijo de David, el Cristo!

Es por eso, que todo aquel que ha recibido al Se?or
Jesucristo en su corazn y en toda su vida, como su nico y
suficiente salvador de su alma eterna, por los poderes
sobrenaturales de su nombre y de su sangre bendita, entonces
ya no vive en l o en ella, el espritu de la burla, sino
todo lo contrario. Realmente ahora vive en su corazn el
Espritu de la vida eterna, el Espritu Santo y su Hijo
amado, el Cristo de Israel y de la humanidad entera, ?el
Se?or Jesucristo!

Y ste Espritu Divino y de Jesucristo ya no permitir el
espritu de la burla que viva ms en el corazn de aquel
hombre, mujer, ni?o o ni?a, sino que slo los frutos de la
vida y de la salud eterna, vivirn y se manifestaran da y
noche en aquella vida humana y bendecida eternamente, por la
gracia de Cristo. Y ste Espritu de Dios ha de ser por
siempre slo lleno del amor de Dios y de los milagros,
maravillas, prodigios del cielo y de la tierra, en la vida de
aquel hombre o mujer, eternamente y para siempre, en la
tierra y en el nuevo reino de los cielos, para el gozo
infinito del corazn de nuestro Dios.

Por ende, slo as los entendidos, los sabios de Dios y de su
Espritu Santo, han de vivir felices y eternamente gozos en
sus corazones, bendecidos por la palabra y por la Ley de
Dios, porque realmente habrn entendido el amor de Dios,
manifestado plenamente en la vida gloriosa e infinita del
evangelio vivo, de nuestro Se?or Jesucristo. Y no as con los
necios, ellos seguirn viviendo en sus profundas tinieblas
del ms all, de donde jams han salido, desde el comienzo de
las cosas y hasta nuestros das, por ejemplo, para ver la luz
viviente del Se?or Jesucristo, su Hijo amado, en sus
corazones y en sus almas eternas, en esta vida y en la
venidera, tambin.

Los necios han de seguir sus caminos de siempre y hasta la
eternidad, en donde caern entre las llamas ardientes de la
ira de Dios, en el infierno, para jams volver a tener la
oportunidad, como hoy en da, por ejemplo, de llegar a un
entendimiento sano y concreto en sus corazones, de que el
Se?or Jesucristo es "el SE?OR". Y esto seria para ellos, la
fe del espritu de la gracia divina y salvadora de sus vidas
y de sus almas eternas, para que mueran para el pecado y
vivan por siempre para la gracia redentora, de la Ley de Dios
y de su gran rey Mesas, ?el Se?or Jesucristo!

Pero, desdichadamente, los necios han de morir en el espritu
de su burla infinita hacia su Dios y Creador de sus vidas, al
no creer en sus corazones de que el Se?or Jesucristo es su
unignito, desde la antigedad y hasta siempre, por ejemplo,
como en nuestros das, en todos los lugares de la tierra y de
su humanidad infinita. Porque slo su Hijo amado es la
verdadera justicia, santidad y gracia salvadora e infinita
para el corazn y la vida de los ngeles del cielo y as
tambin para todo hombre, mujer, ni?o y ni?a de la humanidad
entera, incluyndote a ti y a cada uno de los tuyos, tambin,
mi estimado hermano y mi estimada hermana. Y, entonces no
mueras jams la muerte de Adn y de su pecado original del
paraso, por ejemplo.

ADN MATA A TODOS CON SU PECADO, PERO LA GRACIA DE CRISTO LES
DA VIDA ETERNA EN ABUNDANCIA, NO OBSTANTE

As que, como la ofensa de Adn alcanz a la humanidad
entera, desde el paraso y hasta toda la tierra, tambin, sin
hacer jams excepcin de persona alguna, para la condenacin
infinita de sus almas vivientes, como hoy en da en tu vida,
tambin, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Pues as
tambin la justicia realizada por el Se?or Jesucristo alcanz
a todos los hombres, mujeres, ni?os y ni?as, tambin, para la
justificacin de vida eterna en la tierra de nuestros das y
en la tierra del nuevo ms all de Dios y de sus huestes
celestiales, como en La Nueva Jerusaln Santa e Infinita del
reino celestial.

Y esto es gracia divina e incansable para el hombre pecador
de toda la tierra, como Adn, por ejemplo, en el paraso;
pero la tenemos hoy en da, a nuestra disposicin, a nuestro
alcance con tan slo creer e invocarla, en nuestros corazones
y con nuestros labios, gracias a los poderes sobrenaturales
de nuestro Se?or Jesucristo, el salvador del mundo. Porque
como por la desobediencia de un solo pecador, muchos fueron
constituidos pecadores; tambin, pues igual, por la
obediencia de su Hijo amado, el Cristo de Israel y de la
humanidad entera, entonces muchos sern constituidos justos y
dignos de la nueva vida infinita, del nuevo reino de los
cielos, en la tierra y en el ms all.

Por ello, slo esto es la vida eterna para nuestro Padre
Celestial, en el corazn y en el alma viviente de todo
hombre, mujer, ni?o y ni?a, de las naciones de toda la
tierra, de que tan slo crean en sus corazones y as
confiesen con sus labios a su Hijo amado, ?el Cristo del ayer
y de siempre! Y esto es como los ngeles del cielo, por
ejemplo, de que su Jesucristo es su nica gracia infinita de
sus vidas, en la tierra y en el paraso, tambin, para Adn y
cada uno de sus descendientes, desde hoy y eternamente y para
siempre, en la nueva eternidad venidera, de la vida del nuevo
reino de los cielos.

Es por eso, que nuestro Dios envi su Ley Santa a la vida del
hombre, desde el comienzo de las cosas con Israel, por
ejemplo, con el propsito no slo de marcar el pecado, sino
tambin para darle a conocer al pecador que est pecando,
osea haciendo cosas malas ante su Dios, con sus palabras y
con sus acciones rebeldes. Palabras y acciones rebeldes, las
cuales no producen ningn bien a nadie ni menos gracia ...

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Wed, 23 Sep 2009 20:21:22 GMT
 
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